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María García Esperón |
jueves, 24 de julio de 2014
Camina Poesía de ausencia, de Luis Rius en la Ciudad de México el 23 de julio de 2014
Si yo pudiera, tristeza
mía, darte un ayer muerto
(ansiada tristeza, carne
de fruto verdadero
madurado en rama viva
de savia, de tierra y viento)
para mis labios entonces
qué dulce tu desconsuelo,
qué plácido al corazón,
tristeza, tu llanto auténtico.
Si yo pudiera, tristeza
mía, darte mi ayer muerto:
pero no hay savia que fluya
en ti ni tierra en mi huerto.
Sueño de ayer, sueño errante
de mañana, siempre sueño,
mi corazón es camino
sin final y sin comienzo.
¡Hondo ayer nunca vivido!
En el corazón enfermo,
qué darte, tristeza mía,
solo si tristeza tengo.
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lunes, 21 de julio de 2014
Camina Poesía de Luis Rius en la Ciudad de México
Avenida de la Paz
el 21 de julio de 2014
Soledad, tú y yo
en la tarde muerta.
Compañera mía,
triste amiga vieja,
tú y yo nuevamente
juntos en la espera;
mas hoy ya no hay lágrimas
que alivien la pena
ni vagos recuerdos
que nos adormezcan.
Todo se ha olvidado.
Todo. No me queda
ni un solo suspiro
ni una sola queja.
Hoy duele más hondo
el corazón, llega
más claro el silencio,
la vida más lenta.
Y no sé por qué,
si es la misma pena
y es el dolor mismo
de la misma ausencia.
Sé que es todo igual,
triste compañera,
pero hoy siento el alma
como si estuviera,
con mayor cansancio,
mucho más serena.
Y es que hoy, vieja amiga,
estamos más cerca,
soledad, tú y yo
en la tarde muerta.
Camina poesía de Buenos Aires en Ciudad de México
el 21 de julio de 2014
Impaciencia
El cielo puede esperar las hipotecas subprime la quiebra de los bancos Obama y Mc Cain la Bolsa el partido de fútbol mi camisa arrugada la hora de la fiesta la oferta de fin de temporada la primavera el amigo la impaciencia.
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miércoles, 27 de febrero de 2013
Ofrecimiento, de Aurelio González Ovies
Camina poesía en San Miguel de Allende
Instituto Allende, el 27 de febrero de 2013
A quien pule el granizo
y al que lo esparce,
ignorando si aún cae
sobre la tierra.
A quien lava la nieve
y a quien la parte
con blanca exactitud muy copo a copo.
A quien recuerda sólo
los mejores momentos
y vierte el infortunio en el olvido.
A quien conoce el nombre de las plantas
y los supersticiosos remedios
de sus pétalos.
A quien nunca acató las órdenes
supremas del que mata muy dulce
al propio semejante.
A quien nunca ha pisado tierra firme
porque nunca ha salido de palacio.
A quien se pincha y sangra.
A quien cree que la cera de una vela es eterna,
que la fogosidad,
la pasión verdadera,
se funda en una noche y dura
para siempre, sin apreciar que el siempre
es el siempre de siempre que siempre
y siempre y nunca ha estado.
Para aquel que almidona las alas
de los ángeles
antes de la alborada
y sus tardas cuadrigas.
El que entra en el amor y queda
definitivamente.
El que amó aquella noche por vez primera
y última.
El que hace del placer su mandamiento.
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viernes, 22 de febrero de 2013
Canción posible, de Aurelio González Ovies Camina poesía en San Miguel de Allende Parque Juárez, el 22 de febrero de 2013
A lo mejor serás un príncipe, muchacho,
y tienes un palacio grande como un siglo
y huéspedes que comen en tu mesa,
alumbrada con candelabros de oro,
manjares y grosellas.
Y un campo de lavanda para pensar las leyes.
A lo mejor, quién sabe, eres obrero
y vives en una casa humilde
con una puerta sólo
y algunos habitantes que te aman
y compartís un pez y un vaso de agua.
No importa, qué más da.
No importa que tú seas poderoso
o pequeño.
No importa que seas nada.
Envidiarán tu nada o tu excelencia.
Somos así los hombres.
Levantarás sospechas igualmente.
Y en tu infinito
soñarás que quisieras.
Que quisieras soñar, si fueras príncipe,
a lo mejor, con un abrazo de alguien
que te ama.
Si eres obrero, quién lo sabe, con un palacio
grande
y un campo de lavanda. (Para Bius)
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miércoles, 20 de febrero de 2013
Arquitectura de las ruinas, de Aurelio González Ovies Camina poesía en San Miguel de Allende Instituto Allende el 20 de febrero de 2013
Antigüedad
mujer hermosa
con ojos pompeyanos
que lleva cestos
de sombra
hasta las viñas
Mar
que se mira
en un espejo
y se serena
antes de que
la vean
amanecer las naves
orgullosas
Mujer
lanceolada
con los pechos
en púrpura
que visita
los templos
y pestañean
las lámparas
de aceite
Cintura de la juventud
de la columnas
melancolía
de la flor de
la manzanilla
que te hace
aniversarios
en latín
al lado
de las losas
Mujer
vestida de ceniza
y rayo de luna
que en la noche
te han visto llorar
sobre un mosaico
Pasabas
levemente
los dedos
por la desvanecida
sonrisa
de los padres
queridos.
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martes, 19 de febrero de 2013
"Me entristece el mundo", de En Presente, de Aurelio González Ovies Camina poesía en San Miguel de Allende Fraccionamiento El Secreto, el 19 de febrero de 2013. A Tuli
Me entristece el mundo.
Ya nunca más podremos ser jóvenes,
mirarnos con vergüenza
mientras estamos solos,
indagar en la noche el sabor de la niebla;
ya nunca más investigar tu cuerpo
cuando el sol te recorre como una lagartija
o conquistar las playas o abrazarnos
un segundo apenas sobre los cuchicheos
de las olas.
Qué pronto llega todo, qué pronto escapa,
sobre todo,
la belleza de estar viviendo a gusto,
de imaginarse libre mientras cruje el verano
y poder darte un beso más tarde de las once.
Y bordear tus rasgos
con la cintura azul de una genciana;
sobre todo, qué pronto muere el cuerpo.
Sí que me entristece
ver la luz reflejada en las tardes del agua
con forma de canción
o preguntarse a veces
donde os habrá esparcido el aullido del faro.
Es difícil palparse las estrías
y no acordarse un poco
de vuestra voz tostada como la adolescencia;
desenvolver un año encima de la mesa
y barajar a medias la nostalgia
y entrar en los perfumes
y marchar vida atrás por un domingo
en que no habita nadie
más que el viento.
Es verdad que me entristece,
que después de haber roto los recuerdos,
las cartas que escribíamos,
miramos si es posible
reconstruir la ausencia, los pliegos
en que hablabas
de no sé qué concierto
o el cierre del bar de los acantilados
donde siempre acudíamos a última hora.
Es verdad que me duele vuestra mirada turbia
de queimada y tabaco,
que mi puño se enrosca
como una caracola con el rumor
de vuestras carcajadas.
Y me entristece el mundo y más que nada
comprender tan así
que solamente somos un tópico
que oculta la rapidez del tiempo.
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jueves, 7 de febrero de 2013
Poema "Junio" del libro Nada, de Aurelio González Ovies
Camina poesía en San Miguel de Allende
Barrio de la Aldea, el 7 de febrero de 2013
Para Marta (Trucha)
JUNIO era azul y alto como los cielos de los sueños.
Chirriaban los grillos, los brezos crepitaban. Calor a media tarde...
Y mi madre decía: no quites la visera.
Recuerdo que Ramón y Quico, con sus ponchos
de jipis, tocaban la guitarra,
debajo de la higuera
cantando a Mocedades y a Agua Viva,
y mi hermana pegaba en los brazos y piernas
calcamonías de lunas y de Camilo Sesto.
Ser feliz día a día era un corto trayecto: rastrear
las camadas de las gatas paridas,
ser el mejor tirando con gomero...
Un verano pasaba más despacio
que ahora toda mi vida.
Y mi madre decía: diviértete y sé bueno.
Y yo amaba a mi madre por encima de todo,
por encima de dios, sobre todas las cosas
y quería abrocharle al cuello un arco iris
y ella me prometía comprarme una laguna
con juncos y libélulas y renacuajos grandes
para detrás de casa.
Yo soñaba con nidos y regatos. Y Marta,
mi reina en nuestro reino,
siempre estaba conmigo, tanto si era viviendo
como si era soñando.
Y mi madre decía: la mitad para ti y la mitad para Marta.
Recuerdo el eucalipto y un bullicio de pegas
y la mar a lo lejos y su luz poderosa
entre verdad y plata
y a Juana que pelaba patatas a la puerta
y escuchaba seriales en la radio.
Por esos días, un día, anunciaron la muerte de Cecilia y Nino Bravo.
Poema XII de Vengo del Norte, de Aurelio González Ovies Camina Poesía en San Miguel de Allende, Guanajuato Calle Aldama, el 6 de febrero de 2013
XII
POR el sol es la hora de empezar a soñar;
recoge los aperos de la vida,
la realidad aquí -ya te lo dije- tiene la tierra
seca, ha sido abandonada.
Nadie es verdad más que los muertos
a pesar de sus siglos.
Nos acostumbraremos a existir al revés
como la calumnia,
surgirás con el apetito de la envidia.
Olvidaremos todo lo que fuimos,
aunque nuestros padres lloren desde los astros;
y no tendremos nombre
para que nadie nos confunda desde ahora.
Nuestra casa estará rodeada de épocas,
de meses boreales.
Nos acostumbraremos a levantarnos pronto
para esperar el tiempo en otra parte
donde los labradores pongan la leche fresca
al borde del camino,
donde los trenes rompan la pereza del alba,
donde la primavera anide en los aleros de tu mirada
esdrújula.
Por el sol es la hora de deciros
que estoy enamorado
y que he venido aquí para dejar encinta a la geografía.
Vuestra historia me gusta porque baila desnuda
cuando llegan los huéspedes
y sus pechos morenos vibran infatigables.
Quedaremos aquí;
nos enseñaréis a pronunciar las sílabas del gozo,
a escribir las tablillas del deseo,
a conjugar la ley que nunca habéis violado,
a vivir sin el fugaz atuendo de los hombres.
Es tarde.
Las estrellas empiezan a salpicar la noche.
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jueves, 31 de enero de 2013
Poema XVIII de Vengo del Norte, de Aurelio González Ovies Camina poesía en la Ciudad de México Plaza Valentín Gómez Farías el 30 de enero de 2013
VUESTRA mirada es dulce como la edad del mosto, pero tenéis el seco aliento de la tierra, la voz más solitaria que el eco de los muertos.
Ella ha venido para haceros salir de vuestras vidas con la hierba que absorbe el sueño de los grillos. Ella ha venido. Sus manos son recuerdo de todo lo que tocan y en su carácter viajan las gramíneas del sueño.
¡Ay de vosotros, ay de vosotros! Conocemos los libros de la vida, los eternos volúmenes del tiempo, la juventud del agua, la mocedad del frío; somos ya veteranos como el poso del dulce rencor de los fracasos, indiferentes como los faros, rutinarios como el asomo puntual de las estrellas. Pero aquí está el final de los eclipses, el verano más íntimo, la marea más dócil.
Os doy el movimiento de los siglos pasados y el olor de las casas que se quedaron solas. Os ofrezco la desnudez del grito, la curtida protesta de nuestros labradores, la amarga ley de los pomelos.
Hablaremos con manos ágiles, con pies como raíces, con templos si es preciso, y quedarán palabras subidas a las torres, manzanos encendidos sobre la primavera, caminos y montañas y estaciones de ida y promesas de vuelta.
Vuestra sonrisa es fresca como las pomaradas entre la amanecida; buscaremos juntos la provincia ilegal donde habita el destino en los meses de invierno.
Seremos uno y necesariamente uno para evitar las guerras o las sangrientas cifras que originan los pares. Seremos uno como la dirección en llama de los girasoles, como la hidráulica pasión del oleaje, como el inesperado brotar de la naturaleza.
Una voz, un alma, una palabra, que es lo mismo que hablar de un hombre entero.
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jueves, 24 de enero de 2013
Poema IX de Vengo del Norte, de Aurelio González Ovies
Camina Poesía en San Miguel de Allende
Parque Juárez, el 25 de enero de 2013
IX
EN las viejas miradas la luna canta tangos.
Soy el antepasado de los que me suceden,
soy un gitano oriundo de la flor de la pena,
soy el giro ancestral de la rueda del carro.
Soy un camino errante. Vengo del Norte.
He traído a mis muertos para que vuestros campos
germinen la promesa,
y ha venido la sangre a llover esta tarde
para que aquí reviente nuestra estirpe
con la fecundidad de los volcanes.
Soy el grisú que flota en las bocas ajenas,
soy el túnel que desemboca en la desesperanza,
soy el marzo que apunta en la rama del verso,
soy el corresponsal de las hogueras.
Vengo del Norte,
de la escritura cuneiforme del acebo,
de los funerales de la agricultura,
de la enorme tristeza con que se aleja el oso,
de la genealogía del pan de leña.
Ella viene conmigo porque es fértil
y amamanta a las mulas;
ella es la pregunta carnosa que rellena los frutos.
Algún día entenderéis por qué la quiero
y por qué come el polvo que levanta el futuro.
Tendremos una casa
y vendrán a cocer pan vuestras mujeres;
tendremos un establo y volverán los gritos de las fraguas.
Yo soy de un domicilio rural como la niebla,
soy el rompeolas de la edad tempestuosa,
soy el deseo marítimo de los de tierra adentro,
soy el invertebrado. Vengo del Norte.
No conocéis el viento ni sus silbidos rubios
cuando el bambú se seca.
Yo os traigo miradas viejas,
ojos parados en el solsticio.
Os traigo la luna en una jaula de lágrimas.
En las miradas viejas la luna enciende tangos.
Vengo del Norte,
del cazador furtivo de los páramos,
del relincho huérfano del asturcón,
de los caserones dorados del poniente.
Ella tuvo un reino detrás de la distancia
y descifra los signos de los que nunca llegan;
ella habla dos mil lenguas como los ojos
y redacta los fósiles de la memoria.
Quedaremos aquí,
donde el humo regresa al fuego,
donde la eternidad no bautiza a sus huéspedes,
donde los dioses son salvajes,
donde la verdad cierra al crepúsculo.
Quedaremos aquí y ella estará orgullosa
como el ave que oculta a los polluelos
debajo de su vuelo.
Quedaremos aquí definitivamente cerca del origen del agua.
Hace tiempo comencé a grabar el paisaje mientras decía en voz alta poemas de memoria. Casi siempre en soledad, esas piedras y esos árboles me han venido pidiendo versos. A veces son los mismos lugares y las palabras ya están posadas en las ramas o extendidas cuan largas en las nubes.
Casi siempre también ocurren coincidencias asombrosas. Digo "perro" y ladra un perro. Digo "esperanza" y la calle así se llama. Digo "hoguera" y a lo lejos unas personas hacen un fuego. Digo "aquel pájaro" y un ave vuela, la sigo con la cámara y ella dibuja el vuelo del verso.
Como si todo acudiera puntual a una cita.
La palabra poetiza el paisaje, pero son las cosas, las simples cosas, las que liberan su belleza, como una fragancia, al soplo del verso. La tecnología está de por medio, pero solo eso, como medio.
El poema, portador de la interioridad misteriosa de su autor, está en mi memoria, también interior y misterio. Y así dicho, así tan al paso, hecho aliento, retorna al manantial de su ser, que está en cualquier parte del mundo porque el mundo camina poesía. María García Esperón
María García Esperón
San Miguel de Allende, Guanajuato. Diciembre 2012.